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Móviles

Que los tiempos cambian, ya se sabe y con él las costumbres. se crean nuevas adicciones con las nuevas técnicas que a nadie se le pasa por alto.
Estas costumbres son una forma diferente de acercarse a la realidad aunque sea la pérdida de lo tradicional, pero nadie quiere quedarse atrás en los avances.
Son unos hábitos sociales que se imponen y las adicciones a ellos son como plagas que crecen y se extienden muy deprisa, sin seguir ningún orden cronológico, como si quisieran comerse el mundo y que en cierto modo se lo comen.
Es bien cierto que hay gente que solo vive pendiente del ordenador o del móvil (aquí no entro, soy antimóvil), somos esclavos y este abuso solo nos crea adicción. Basta con mirar a los ojos atentamente a la gente que camina por la ciudad, es un panorama bien curioso. Es un paisaje de personas con móviles en la mano, agarrados a él como si fuera su salvación, la gran necesidad, ni te miran y si lo hacen rehúyen la mirada.
Las plazas y las calles, están llenas de palabras vacías, de palabras que se cruzan, de conversaciones solitarias. Gente que pasa cerca de otra gente y no notan la presencia de nadie. Les gana la voluntad de conversar…
No sé si el teléfono facilita explicar ciertas cosas, quizás si, o puede que tan solo sea un escudo protector que nos salva de la realidad hostil, de la mirada perdida que alguien nos hace a nosotros y de la incomodidad que supone tener que soportar el peso de esta mirada.
Pero la gente sigue hablando y sumergido en ese mudo a través del móvil y de los ordenadores y en el fondo son formas de poner barreras, de aislarse del contacto más real y verdadero.
Aunque supongo, que hay cosas que no se deberían decir a través del móvil, siempre es mucho mejor que te susurren cerca de la oreja, sí, mucho mejor…en vivo y en directo.

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Haciendo vida

Ya estoy aquí…

Después de una semana de encuentro familiar, llena de ausencias, de suspiros perdidos y llanto; añoranzas de conversaciones diarias, huyendo de fantasmas y encontrando mis tristezas….

Y otra semana tratando de averiguar mi médico que tipo de animal o bicho me había picado. Me fui al Pirineo a disfrutar de la nieve y a la vuelta llegué cargada de una erupción de horribles granos por cabeza y parte de la cara. Me asusté y después de algunas pruebas resultó ser una puta araña que se había dedicado a dejar su huella sobre mí. Así, que he pasado unos días jodidos, muy desanimada, preocupada y triste con la intriga; pero todo pasa y se va, lo bueno y lo malo y ahora vuelve a lucir el sol….

Soy

Sé, que a la hora de calificarme tendría que callar, que no soy una joya de virtudes. Que no me entiendo, que hoy estoy aquí, mañana no se.
Hablar de mí, de esta que soy yo, no me complace, no encuentro las palabras justas. Es como hablar de otra persona que no conozco y que me sorprende a cada minuto. Es hablar de ti, o de cualquiera que lea esto y pueda entenderlo. Callarme y no decir todo lo que siento. Palabras que no se decir a tiempo y que son lo que son, solo palabras.
Y es que puedo complicarme la vida, esperar y dudar pero también intentarlo mil veces y fracasar.
Salvaje, compulsiva, deslenguada y descarada cuando me siento atrapada. Sensible, cariñosa y recelosa cuando trato de guardar mi intimidad.
Me asaltan la lujuria, la soberbia y la ira a veces y desearía ser más fuerte, encontrar el equilibrio aunque mis ganas y el deseo están ausentes.
Soy directa, ingenua, ilusa, decidida y mucho más, todo sin orden.
Yo y mis defectos, pero vivo como se y como quiero…

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Sonidos

Hay ruidos pequeños, casi imperceptibles que llegan a mí por la noche.
Esas pequeñas presencias que me obligan a seleccionarlas y probando adivinar su origen. Sus rumores son suaves, murmullos de conversaciones que explican secretos o gritos de odio; coches que cruzan con desesperación con la música a todo trapo, el rumor del viento, la lluvia, la llamada de la gata en celo y sus peleas, el aleteo de un mosquito que me jode con su zumbido, el sonido del teléfono, el grifo, una puerta; la tele que no calla, las teclas de un ordenador, una sirena, gente correr, risas………..y todo esto en la noche, la silenciosa noche.
Me gusta descubrirlos, son como encuentros oportunos que me sorprenden y algunos son difíciles de captar, porque muchas veces los ahogamos con los enredos del mundo.
El estrépito de la vida se convierte en consigna que obliga hablar en voz alta si quieres entender al vecino y entenderte con él.
Aprendo acostumbrarme al silencio, reconocerlo. Saber, que a veces, es lleno de sonidos lejanos, de sentimientos y emociones.
Pero esto, se convierte casi en una proeza, por no decir imposible, pues estamos en un tiempo dominado por los líos. Vivimos en un mundo donde ninguno escucha a ninguno. Es un escenario de sordos, dividido entre los que no sienten y los que no quieren escuchar.

La red

Navegando, navegando…

No quiero ni pretendo mantener esto por obligación, ni pretendo que nadie me lea y menos que me deje un comentario. Se supone que esto es un diario y que es personal, donde escribes lo que te da la gana, cuando quieres, cuando puedes o te apetece. Las estadísticas no me interesan. Pero cuando entro en Internet me pierdo, tanta información en mis manos hace que asome mi curiosidad y mi cerebro se mantiene alerta frente al ordenador.

Estoy aquí por lo que estoy, haciendo una continuación de lo que le gustaba a ella, dejando huella de lo que ella dijo. Esta era su segunda casa, donde cada mañana tomaba su café rodeada de sus amigos; donde el sufrimiento se le hizo más leve, donde la realidad fue muy cruel, donde sufrió, donde lloró…. Solo busco su rastro por la galaxia de la red que aunque se encargó de limpiarla he podido encontrar restos de sus naves. Poco es pero menos es nada.

Reconozco que Internet me gusta y me atrae, pero prefiero conectarme a la vida. No quiero evadirme de mis problemas y aquí, frente al ordenador me siento enjaulada y presiento que me pierdo algo maravilloso más palpable y menos diáfano. Da la sensación de que la red está llena de gente con mucho tiempo libre…

Pese a todo, paso tiempo conectada, el que no tengo, quitándomelo del sueño y poniéndolo en bostezos por la mañana. Leo blogs, esos pequeños diarios que te llegan al alma, con crónicas del día a día, pensamientos o reflexiones, pequeños libros de lectura llenos de pasado y presente, pequeños trozos de vida, donde al describirla asoma lo más íntimo así como la parte más oculta. Algunos muy curiosos y extraños; otros cálidos y agradables, otros reivindicativos, rebeldes y desubicados…son pequeños espacios de socialización.
Sea, como sea, para mí son pequeñas obras maestras con las que disfruto. Como he dicho mi tiempo es limitado y si leo menos me queda para escribir, pero es mejor así pues reconozco que lo mío no es escribir, nunca lo ha sido.
Demasiada contradicción y cambio, nunca sé lo que quiero e intento poner, me voy por las ramas y olvido lo que he pensado en un momento y mi estado de ánimo hace el resto.
Por eso, al acabar el día, cuando el cansancio es latente en mí, el placer de leer supera al de escribir.

Es la red, la trampa…

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Cosas de yo

Hay veces que pierdo el corazón, no lo oigo latir y siento vacío y abandono.
Robado, apoderado por siempre, pero hay quien roba y después lo rompe. Hace trocitos minúsculos, como si fuera de papel.
No puedo vivir sin corazón, aunque hay gente que respira y actúa como si no lo tuviera, como si hubiera decidido prescindir de él.
Yo lo necesito y no sé escuchar con atención, voy demasiado deprisa y muchas cosas quedan atrás. No sé verlas y pasan de largo.
Y en la fragilidad de ese momento noto el miedo, el de la pérdida de todo lo que es y será. El frío recorre mi piel, abre mis poros para dejar deslizar la agonía que hay en mí, me paraliza , me engulle y me atrapa en su telaraña impenetrable, en la que me enreda cada vez más.
Yo que amo el riesgo y el desafío, me ahogo por un latido, el del corazón, mi puerta a la vida.

Son cosas mías….

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Momentos

Hay momentos en la vida que se quedan grabados en el pensamiento, ocultos pero como si fuesen secuencias de una película aparecen de tanto en tanto.

Cada recuerdo que recupero conserva el calor de lo que he vivido y me doy cuenta la forma en que la vida me ha ido moldeando.

 

“…Omnia mea mecum porto” L.A. Seneca